Esta columna es de Septiembre del 2014
Actualmente
la ciudadanía se está movilizando, muchas veces de manera espontánea y por
cuestiones muy particulares, buscando recibir el apoyo de otros. Este aumento de
las movilizaciones en los últimos años (con ciclos de ascenso y de calma) es de
esperar que se acreciente y acelere en este gobierno, hasta que esa fuerza haga saltar la lucha a
una nueva fase, o hasta que sea domesticada y enmarcada por una reforma en el
sistema político y económico.
Los
diversos estallidos sociales en nuestro territorio solo vienen a mostrar que
hoy existe un descontento y un problema de representatividad de las coaliciones
que se han mantenido en el poder hace ya más de 20 años. El modelo de acumulación
neoliberal se encuentra en una crisis estructural que contrapone gobernabilidad
con crecimiento. De ahí que irrumpen
otras fuerzas políticas y nuevos actores incluso en el Congreso, quienes de
alguna u otra manera buscan resolver esta contradicción interna del modelo, provocando
en algunos casos, que sectores conservadores de ambas coaliciones, que antes no
tenían confrontación política, hoy estén siendo confrontados y obligados a
sacarse la careta.
Cuando
se conocen las cifras de la encuesta CEP, señalando que el gobierno tiene solo
un 30% de aprobación, se instala un
nuevo escenario político, que nos dice que la Nueva Mayoría no logra
recomponerse y carece de legitimidad popular. Este escenario abre amplias
posibilidades para el desarrollo de la lucha independiente de los sectores
populares, a nivel de base, en variados sectores sociales; Y también, posibilidades concretas para el desarrollo de
la lucha legal-institucional frente a la debilidad e ilegitimidad de la clase
política.
Sin
embargo, la crisis del bloque dominante, del sistema político y del modelo
económico no son lo suficientemente fuertes como para hacer caer al sistema por
sí solo y el movimiento popular no tiene ni la fuerza ni la alternativa con la
cual derribar y reemplazar a la institucionalidad vigente.
La
crisis de legitimidad y representatividad seguirá acrecentándose mientras no se
reforme realmente el sistema binominal o mientras una fuerza política
alternativa de carácter reformista no ingrese al sistema para reconfigurar el
orden de los partidos. Este escenario indica que debe comenzar a elaborarse un
referente contra-hegemónico, que de la coherencia necesaria a las diversas
luchas que hoy se levantan, como plataformas de lucha para quienes ven la
posibilidad de cambio. Finalmente, están las condiciones para que una fuerza
política alternativa de carácter popular y de clase tenga posibilidades de
desarrollo en el mediano plazo y cuente con condiciones para crecer, fortalecer
y fortalecerse en la lucha popular e ir quebrando las posiciones ganadas por
los representantes de la clase dominante.
¿Es momento de las organizaciones sindicales y su
lucha?
La
encuesta CEP también nos muestra otro aspecto de este nuevo escenario político:
Para la ciudadanía, la confianza de los sindicatos aumento de un 18% a un 21%
en los últimos tres años.
Este
pequeño dato, es una demostración más del descontento que se ha generado con
los tremendos niveles de segregación y desigualdad en el Chile de hoy, donde las
utilidades de las grandes empresas son millonarias, mientras el 86,9% de los
trabajadores en Chile gana menos de $ 700.000 pesos líquidos al mes (Fundación
Sol). El discurso gubernamental del “Chile de Todos” solo es para disfrazar el
fortalecimiento de los pilares que sostienen al capitalismo en Chile en su
forma “Neoliberal”. Si el gobierno no representa el bien común; Si los
“representantes” legislativos administran sus cargos para hacer “caja”; Si la
justicia parece funcionar para un puro lado; Si la dirigencia máxima de la CUT,
en vez de defender los intereses de los trabajadores, se encuentra de rodillas
frente a los poderosos, buscando la contención de la movilización y las
reivindicaciones del mundo laboral, algunos sindicatos, a diferencia de todos
los anteriores, han comenzado a mostrarle al pueblo que son sus propias
organizaciones de base las que están defendiendo realmente sus intereses.
A
lo largo de nuestro país día a día aumentan las huelgas y las demandas por
mejoras laborales, además del aumento salarial que para todas y todos es una de
las cuestiones fundamentales que debe resolver la autoridad de gobierno. Frente
a esto, existen diversas organizaciones que comienzan a trabajar y coordinarse
entre sï. Por fuera de la CUT,
donde hoy no sienten representación, y también desde dentro de la central,
diversas organizaciones entran en discusión interna acerca de la conveniencia
de continuar afiliados a esta.
Esos
sindicatos, federaciones, confederaciones están luchando por el fin al
subcontrato y la camisa de fuerza del código laboral. Contra la manipulación y
el control que
ejercen los partidos del bloque dominante sobre las organizaciones, y la propia dispersión y desorganización de
las organizaciones de trabajadores más conscientes y combativas (O, lo que es
lo mismo, su falta de objetivos comunes y unidad).
El
desafío es avanzar a una forma sindical inclusiva y con las diversas
organizaciones y movimientos sociales. Avanzar en la lucha por el fin al código
laboral, por el fin del subcontrato, contra una mayor precarización del trabajo
en un contexto de niveles de desempleo aumentando y cifras de crecimiento por
debajo de lo esperado. Avanzar por el fin del sistema de AFP.
Trabajadores
somos aquellos asalariados y no asalariados, todos somos pueblo trabajador.
Doris Gonzalez
doris.gonzalez@pueblo-libre.cl
@doris_gonzalez_
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